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Antiguamente no se conocía la fotografía de boda como se conoce a día de hoy.

© David Azurmendi

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Se te ha ocurrido curiosear entre las fotografías de tus padres o abuelos para ver las fotografías de su boda. ¿Cuántas fotos encontráis? ¿Una, dos, tres? 

© David Azurmendi

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Años atrás el fotógrafo de bodas tomaba un único retrato de la pareja en un estudio con el atuendo para la ceremonia. Este era el único recuerdo existente de la boda.

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Poco a poco se ha saltado del estudio a la calle, gracias sobretodo al avance tecnológico que trajo consigo cámaras y accesorios más ligeros, sin renunciar en calidad de imagen e iluminación. El fotógrafo de bodas ya podía realizar un reportaje de la ceremonia y la celebración.

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Existía un pero muy grande, y es que el fotógrafo no podía realizar fotografías con la libertad que se hacen hoy por el uso de películas fotográficas popularmente conocido como el carrete, siendo necesario su revelado en laboratorios profesionales. Esto suponía un coste adicional que obligaba a mantener acotado el número de fotografías.

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A finales de los años 90 descienden las oportunidades de trabajo en sectores como la fotografía de prensa, publicidad y moda. Esta es la causa por la que la fotografía de boda empieza a tener un gran reconocimiento popular, convirtiéndose en una profesión en la que muchos fotógrafos desean adentrarse, aportando otro punto de vista totalmente diferente, dejando atrás el posado e incorporando la narrativa. Es así como llega un reportaje de bodas más creativo, elegante y natural.

© David Azurmendi

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Ahora que hemos dado un repaso a la historia de la fotografía de bodas, ¿Eres capaz de imaginar como será dentro de 20 años? ¿3D?, ¿Realidad virtual?